DEPRESIÓN Y OTROS TRASTORNOS DE LA AFECTIVIDAD
La depresión es el trastorno psiquiátrico más frecuente entre nuestros mayores. Es una enfermedad altamente invalidante, que disminuye tanto la calidad como la esperanza de vida (no sólo por la mayor incidencia de suicidios, sino también por el aumento de enfermedades físicas). Se estima que entre un 10-15% de la población mayor de 65 años sufre alguna forma de depresión (se ha calculado que hasta un 45% ha padecido en algún momento síntomas depresivos).
La clasificación de los trastornos del ánimo según el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría) se expone en la siguiente tabla:
TRASTORNOS DEPRESIVOS
Trastorno depresivo mayor
Trastorno distímico
Trastorno depresivo no especificado
TRASTORNOS BIPOLARES Trastorno bipolar I
Trastorno bipolar II
Trastorno ciclotímico
Trastorno bipolar no específico
OTROS TRASTORNOS DEL ESTADO DE ÁNIMO
Trastorno del ánimo por enfermedad médica
Trastorno del ánimo inducido por sustancias
Trastorno del estado de ánimo no especificado
TRASTORNOS ADAPTATIVOS Con estado de ánimo depresivo
Mixto, con ansiedad y estado de ánimo depresivo
Como podemos observar existen diversas formas clínicas de la enfermedad, por lo que el diagnóstico especializado se hace imprescindible.
Las manifestaciones clínicas de la depresión en el anciano son casi similares a la del adulto, con leves diferencias: Así, los episodios depresivos suelen ser más prolongados, a la vez que presentan una mayor resistencia al tratamiento. Son más frecuentes los episodios de agitación y ansiedad que la inhibición. El carácter es más irritable, la tristeza menos evidente (prevalece una falta de resonancia afectiva en relación con estímulos emocionales), y la pérdida de apetito mayor que en enfermos más jóvenes. Otros síntomas que se presentan con mayor frecuencia: Insomnio intenso, pérdida de peso, delirios paranoides, etc. El riesgo de suicidio es mayor que en otros grupos de edad (se consideran factores de riesgo: la viudedaz reciente, otros duelos (hijos), enfermedad física crónica, y el aislamiento y la soledad.
Existen otras enfermedades y estados que se pueden confundir con depresión, o que cursan con la misma. Así, determinados cambios asociados al envejecimiento normal pueden confundirse con depresión. Pero también existen otros trastornos debidos a causas físicas (demencia, delirium, depresión asociada a enfermedad médica) o funcionales (ansiedad, hipocondría, trastornos del sueño, etc) que se asocian a depresión en el anciano.
Se consideran factores de riesgo para la enfermedad:
Antecedentes de depresión Presencia de enfermedad física (cabe resaltar la presencia de dolor crónico) Tratamiento con fármacos que pueden inducir alguna forma de depresión (digitálicos, diuréticos tiazídicos, esteroides, cimetidina, ranitidina, guanetidina, bloqueadores beta, reserpina, metildopa, benzodiazepinas, antineoplasicos y otros, pueden causarla). Experiencia personales adversas recientes (pérdidas, acontecimientos vitales estresantes) Pobreza de relaciones interpersonales Factores psicológicos y de la personalidad Factores genéticos
Cabe destacar que a estas edades los factores psicológicos y de personalidad y los factores genéticos tienen menos relevancia.
En cuanto al pronóstico, diversos estudios apuntan que se obtiene la recuperación en el 90% de los casos (de los cuales recaen un 30%).
En la actualidad el tratamiento de la depresión se encuentra ampliamente contrastada. En 1991, la NIH Consensus Conference (un consenso sobre depresión a instancias del Instituto Americano de Salud) estableció cinco objetivos de tratamiento:
Reducir los síntomas
Mejorar la calidad de vida
Reducir el riesgo de recaídas
Mejorar la salud física
Reducir los costes sanitarios y la mortalidad
Existen tratamientos farmacológicos y tratamientos no-farmacológicos (no excluyentes).
Entre el arsenal farmacológico disponible los más utilizados son:
Antidepresivos triciclicos.- Algunos estudios sugieren una eficacia incluso superior a antidepresivos más modernos y selectivos. Como inconvenientes: Riesgo de arritmias, hipotensión, y efectos anticolinérgicos (sequedad de boca, etc).
Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina.- Menos efectos secundarios, por lo que son los medicamentos de elección en este grupo de edad (pueden empeorar los síntomas parkinsonianos, sobre todo la fluoxetina).
Inhibidores de la recaptación de la noradrenalina y serotonina (venlafaxina).- Bien tolerados, y en administración única.
Casi todos estos fámacos requieren un protocolo de tratamiento con dosis progresivamente mayores hasta alcanzar el efecto terapéutico. En general, existe un periodo de 2 a seis semanas antes de que se manifieste el efecto antidepresivo. Antes de concluir que un antidepresivo es ineficaz, debe verificarse que el paciente lo está tomando realmente, y dejar pasar al menos unos dos meses. El tratamiento debe mantenerse un mínimo de 6 meses después de la remisión de los síntomas, o de 12 si es recurrente, aunque a veces el mantenimiento será indefinido dependiendo de las recurrencias y factores de complicación.