Miércoles 8 Septiembre 2010
Con la crisis, más que nunca, las aseguradoras están dispuestas a asegurar todo lo que podamos imaginar, por mucho que la imaginación no tenga límites. Si hay un seguro contra la abducción por extraterrestres es porque algunos miles de personas que la pagan, creen que hombrecitos verdes los pueden engullir desde un OVNI, como si fueran una aspiradora de alta potencia. Si en Gran Bretaña, tienen un seguro contra fantasmas es porque el propietario de un pub asegura que en su local, el fantasma de un fraile se dedica a cargarse el mobiliario por las noches. Por 500 libras al año, la aseguradora responde de los daños ocasionados por el fraile invisible y pagará un millón de libras a cualquier cliente que pueda demostrar que el fantasma lo ha dejado inválido o le ha causado la muerte. Y los británicos no son los únicos que creen en esas cosas, porque ya en 1967 la prensa americana recogió el caso de un tipo que, casa mañana, encontraba las copas de su local rotas. No cobró indemnización porque un juez le dio la razón la aseguradora que se negó a pagarle alegando que los destrozos los producía un fantasma que se pasaba las noches a pelotazo limpio contra la cristalería. Hoy podrían haber contratado a un americano, que dice ser capaz de capturar fantasmas, embotellarlos y venderlos como si fueran un vino peleón.
Esto del efecto placebo ya nos empieza a hinchar las narices, porque es la disculpa y la recomendación de la que echan mano muchos investigadores cuando no saben por qué mango coger una sartén. El caso es que están haciendo del placebo la solución a todos los males, como si cuando algo nos duele fuera, como acostumbra a decir el mago Anthony Blake de sus trucos, cosa de nuestra imaginación. Ahora le ha tocado el turno a la psoriasis que es una enfermedad de la piel que sufren 120 millones de personas en el mundo y que además de sufrirla, según un estudio realizado con pacientes de 17 países, los afectados ven caer su autoestima, se deprimen; más de la mitad tienen problemas laborales por culpa de sus erupciones en la piel; más del 60 por ciento ni siquiera se atreven a hacer deporte por temor a ser rechazados socialmente; que el 76 por ciento tienen problemas de ansiedad y estrés; que el 30 por ciento renuncian a dedicarse a la profesión que les gusta y que la mayoría cambia hasta su forma de vestir por culpa de la psoriasis dichosa.
Al final va a resultar que la Ley de Dependencia es solo un cursillo para aprender a sacudirse el muerto porque, como la han aprobado corriendo pero sin pasta que la garantice, ahora intentan que les saquen las castañas del fuego las autonomías, los ayuntamientos y, naturalmente, los familiares de los dependientes; y menos mal que la mayoría de las personas con dependencia siguen cuidadas por esos familiares, porque sino esto iba a estar plagado de gentes abandonadas por las esquinas. No hay más que ver los datos: según la Encuesta de Discapacidad, al margen de otro tipo de personas con dependencia, sólo entre las personas mayores, más de dos millones necesitan ayuda para realizar sus actividades básicas de la vida diaria, como lavarse, vestirse, comer o caminar, pero según datos del SAAD, que depende del Ministerio de Trabajo, a 1 de febrero, solo a 583.000 personas con dependencia se les habían reconocido ayudas que no todas cobran aún, entre esas ayudas, casi 300.000 sueldos miserables de menos de 500 euros para los cuidadores familiares;...
Unos 300 millones de personas en el mundo nos pasamos el día moqueando, estornudando, rascándonos o frotándonos los ojos porque sufrimos de alergia, de ellas más de 15 millones solo en Japón y resulta que aparece un japonés listillo que ha hecho un estudio con 13 pacientes y dice que la alergia es una cuestión de coco y que con tratarnos con placebos vamos listos. Al parecer cogió a sus 13 voluntarios, todos ellos alérgicos a una hiedra venenosa que hay por aquellas tierras; les frotó un brazo con líquido extraído de la hiedra venenosa diciéndoles que era inofensiva y el otro brazo con otro líquido esa vez sí inofensivo pero diciéndoles que era el venenoso. Cuenta que de los 13 voluntarios todos mostraron síntomas de alergia en el brazo que les había frotado con lo que pensaban que era veneno aunque era líquido inofensivo y solo 2 reaccionaron al veneno. Así que con esa “amplísima” muestra de 13 voluntarios frente a 300 millones, recomienda el uso de placebo para combatir las alergias. Otros, para vender lo suyo, van más allá, como un proveedor japonés de sintonías para móvil que dice haber encontrado la solución al moqueo producido por los catarros y las alergias.
Aunque el cuerpo nos pide dar la matraca con las pensiones, con el paro, con la crisis y tantas cosas que nos traen por la calle de la amargura, como no le echamos humor, la vamos a palmar del soponcio y como eso es lo que les gustaría a algunos porque se les arreglaría el paro y las pensiones, no les vamos a dar el gustazo, así que si tenemos que morirnos, mejor que sea de la risa. Ni siquiera necesitamos a Gila, porque nos sobra con darnos un paseo por el mundo judicial, donde se ven cosas muy raras. Por ejemplo, una mujer norteamericana, se queda parapléjica en un tiroteo y no se le ocurre otra cosa que demandar al director de cine Oliver Stone y pedirle una indemnización millonaria porque, según ella, los delincuentes que la tirotearon se inspiraron en la película “Asesinos natos” de ese director, por lo que consideraba que Stone era también responsable de sus males. Admitió ante el juez que demandaba a Stone y no a los delincuentes porque él tenía dinero y los otros no. Naturalmente, perdió el juicio.