...Pero lo mejor para el asma, al parecer, es ser un soplagaitas.
Dicen los expertos que casi el 30 por ciento de los casos de asma en España tienen relación con el trabajo; eso que sepamos, porque como solo uno de cada tres asmáticos está diagnosticado, a lo peor somos muchos más aunque no nos hayamos enterado todavía. No se trata de que sean alérgicos al jefe y que por eso se les corte la respiración, que habrá muchos casos que también, sino que el aire que respiran en sus puestos de trabajo está contaminado. Los más afectados están en fábricas e industrias y después en todos los lugares en los que se trabaje con barnices, pinturas, disolventes e incluso, y por otras causas, con harina, que hace polvo las vías respiratorias de muchos panaderos. Lo peor es que aunque el asma se conoce desde la antigüedad, solo se pueden suavizar sus efectos, porque todavía no han encontrado la manera de curarla, a pesar de que lo han probado casi todo. En el siglo XV, por ejemplo, a falta de medios, conocimientos y algo mejor, recomendaban comer huevos de rana y, lo que son las cosas, ahora seis siglos después, miles de estudios más tarde y cientos de miles de millones invertidos en estudios, van y nos dicen que las ranas y los seres humanos tenemos un montón de enfermedades comunes, entre ellas el asma, confirmando que ya en el siglo XV oían tiros aunque no supieran de dónde les venían.
Tanto bombo con la ley dichosa y al final, resulta que era una chapuza.
Dicen los expertos que, después de hacerse cargo de un dependiente durante algunos meses, los cuidadores, además de terminar desriñonados, sufren depresión, ansiedad, soledad, calambres, mareos, agotamiento, aislamiento, falta de autoestima, insomnio, irritabilidad y otros problemas de salud física y mental. Es que cuidar a una persona que necesita ayuda desde que se levanta hasta que se acuesta, que deambula sin parar quieta ni un minuto durante todo el día, que no puede comer ni ir al baño sola, que exige atención permanente para evitar que se caiga o se haga daño de cualquier otra manera o de otras atadas a una cama, o a una silla de ruedas, o con la cabeza perdida, debe ser mucho más agotador que una semana entera en el tajo. Pues a pesar de todo, el sistema no acaba de ponerse las pilas y tiene al personal de la ceca a la meca haciendo hasta 32 gestiones diferentes para pedir ayuda. Por eso, según la Unión de Consumidores, desde que una persona dependiente solicita ser valorada, hasta que le reconocen una ayuda de dependencia, pasan entre 12 y 18 meses. Doce o 18 meses en los que los cuidadores se desesperan y se dejan, además de la piel, la salud, viendo como sus familiares dependientes se deterioran y muchos de ellos mueren en la espera.
...no ha encontrado conexión entre los episodios de dolor de los enfermos, con los cambios del tiempo.
No conformes con crujirnos a multas, quitarnos puntos del carné y perseguirnos con rádares por las esquinas, hoy nos hemos desayunado con la noticia de que quieren que la reforma del código penal permita que nos quiten el coche e incluso que lo vendan, como hacen ya con los de los narcotraficantes, por ejemplo. La disculpa es que lo hacen para salvar vidas y reducir el alto coste social y económico de los accidentes de tráfico. Lo de salvar vidas, vale. Pero sobre lo del coste social y económico, verás cuando se enteren de que las enfermedades reumáticas son la primera causa de incapacidad temporal en España. Cuando se den cuenta de que el reuma de marras, causa un millón de bajas laborales al año con un coste de miles de millones de euros, y que cada persona con artritis reumatoide tiene un coste, solo en medicamentos de más de 1.500 euros, seguro que maquinan algo para hacernos pagar el pato. Lo que pasa es que en lo del tráfico nos pueden choricear el coche y quedarse tan anchos, pero en esto de las enfermedades reumáticas, lo tienen más crudo. Teniendo en cuenta que las más afectadas somos las mujeres y las que más gastos generamos somos las que andamos entre los 46 y los 55 años, ¿qué van a hacer, quedarse con todas nosotras?.
...ahora estudian como meter un apestoso huevo podrido en una pastilla.
La disfunción eréctil, o sea la impotencia sexual de toda la vida, es un problema que, según dicen los entendidos, puede llegar a traumatizar a quienes la padecen, pero siendo muy grave ese trauma y como le afecta a la autoestima, lo peor es que la impotencia puede ser un indicio de que las cosas del corazón andan muy mal, el primer aviso de que los afectados sufren problemas cardiovasculares, según estudios de la Universidad de Innsbruck en Austria; de la de San Rafael en Milán; de la Asociación Americana de Urología, el Instituto Médico de Salud Sexual de Minnesota o el Instituto Cardiovascular de la Universidad de Dresden. Cuentan que de los miles de casos de personas con disfunción eréctil que han estudiado, más del 50 por ciento presentaban altos niveles de homocisteína y proteína C-reactiva, que son unos marcadores que advierten de enfermedades del corazón. De hecho, el 71 por ciento de los pacientes estudiados que, además, habían sufrido una angina de pecho, habían experimentado disfunción eréctil un año antes de que el cardiólogo les diagnosticase su enfermedad cardiaca. Y es que, al parecer, cuando existe un daño vascular, las primeras afectadas son las pequeñas arterias como las cavernosas del pene, por eso la impotencia sería la avanzadilla del infarto y otros males del corazón.
...un inglés al que despidieron por su incapacidad para contener sus gases intestinales...
Dicen que desde que empezó la crisis, se ha reducido mogollón el absentismo laboral, lo que nos deja dos lecturas: una que hay gente que le ha echado mucho morro a sus males y otra que cuando el paro nos ronda, se nos olvidan los males de repente con tal de defender nuestro puesto de trabajo con uñas y dientes. Normal, teniendo en cuenta que hay cinco millones de personas dispuestas a cubrir nuestra vacante y sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de respiros raros que se ven. A una controladora de aparcamiento en San Adrián del Besós, por ejemplo, la despidieron, según el ayuntamiento, por reducción de personal, pero según ella, por poner pocas multas ya que tenía la orden de endilgar al menos 1.000 sanciones mensuales a las que ella casi nunca llegaba. Otra mujer también catalana que trabajaba en una pescadería sufrió un accidente y estuvo un año en coma. Su empresa la despidió alegando faltas reiteradas al trabajo y baja productividad, casi igual que le ocurrió a un madrileño que sufrió un infarto cerebral y en plena convalecencia, recibió un burofax de su empresa comunicándole su despido porque había dejado de ser productivo.