Sábado 11 Febrero 2012

Punto Crítico

...un inglés al que despidieron por su incapacidad para contener sus gases intestinales...

Dicen que desde que empezó la crisis, se ha reducido mogollón el absentismo laboral, lo que nos deja dos lecturas: una que hay gente que le ha echado mucho morro a sus males y otra que cuando el paro nos ronda, se nos olvidan los males de repente con tal de defender nuestro puesto de trabajo con uñas y dientes. Normal, teniendo en cuenta que hay cinco millones de personas dispuestas a cubrir nuestra vacante y sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de respiros raros que se ven. A una controladora de aparcamiento en San Adrián del Besós, por ejemplo, la despidieron, según el ayuntamiento, por reducción de personal, pero según ella, por poner pocas multas ya que tenía la orden de endilgar al menos 1.000 sanciones mensuales a las que ella casi nunca llegaba. Otra mujer también catalana que trabajaba en una pescadería sufrió un accidente y estuvo un año en coma. Su empresa la despidió alegando faltas reiteradas al trabajo y baja productividad, casi igual que le ocurrió a un madrileño que sufrió un infarto cerebral y en plena convalecencia, recibió un burofax de su empresa comunicándole su despido porque había dejado de ser productivo.

26.04.2010
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 “El alto grado de absentismo que usted manifiesta, le decían, tiene una repercusión directa en los intereses de la empresa, razón por la cual la compañía toma la decisión de despedirle”. La mayoría de estos casos terminarán en despido improcedente. Otros, sin embargo, hacen méritos ¿o no? según se mire, para que los manden al paro. Una jugadora del equipo femenino del Español, por ejemplo, ha sido despedida porque según el club, los jugadores tienen que llevar los colores del equipo más allá del campo y ella alardeaba de ser forofa del Barça. Algo parecido le ocurrió a un fisioterapeuta del Atlético de Madrid que, al terminar un partido en el que el Atlético perdió en casa con el Real Madrid en el minuto 96, se abrazó a Casillas y aceptó encantado su camiseta. Los colchoneros, escocidos por el partido perdido y por la poca lealtad pública de su fisio, lo mandaron al paro aunque, teniendo en cuenta lo bestia que se pone el personal en los campos, podía haber sido peor. A un bancario de Sabadell lo despidieron según él por bostezar en el trabajo porque al parecer, bostezando daba mala imagen; según el banco, lo echaron porque a los bostezos continuados se unía un alto grado de absentismo, faltas de puntualidad y otras lindezas del despedido. Por ahí afuera hay casos más curiosos aún, como el de un inglés al que despidieron por su incapacidad para contener sus gases intestinales, hecho por el que sus compañeros presentaron hasta 35 quejas en solo 2 días. Él se disculpó diciendo que sus ventosidades eran efectos colaterales de un antidepresivo que le había recetado el psiquiatra. A otra británica la echaron por escándalo al encontrarla mostrando a sus compañeros, en medio de la oficina, sus pechos recién operados y con tres tallas más. Hoy debe compartir cola en el paro con otra compatriota a la que despidieron porque usaba facebook para poner a caldo a sus jefes y a su empresa. Si es que hay algunos que se buscan el paro a pulso, oiga.

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