Dicen que desde que empezó la crisis, se ha reducido mogollón el absentismo laboral, lo que nos deja dos lecturas: una que hay gente que le ha echado mucho morro a sus males y otra que cuando el paro nos ronda, se nos olvidan los males de repente con tal de defender nuestro puesto de trabajo con uñas y dientes. Normal, teniendo en cuenta que hay cinco millones de personas dispuestas a cubrir nuestra vacante y sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de respiros raros que se ven. A una controladora de aparcamiento en San Adrián del Besós, por ejemplo, la despidieron, según el ayuntamiento, por reducción de personal, pero según ella, por poner pocas multas ya que tenía la orden de endilgar al menos 1.000 sanciones mensuales a las que ella casi nunca llegaba. Otra mujer también catalana que trabajaba en una pescadería sufrió un accidente y estuvo un año en coma. Su empresa la despidió alegando faltas reiteradas al trabajo y baja productividad, casi igual que le ocurrió a un madrileño que sufrió un infarto cerebral y en plena convalecencia, recibió un burofax de su empresa comunicándole su despido porque había dejado de ser productivo.

Enviar a un amigo