Dicen los expertos que, después de hacerse cargo de un dependiente durante algunos meses, los cuidadores, además de terminar desriñonados, sufren depresión, ansiedad, soledad, calambres, mareos, agotamiento, aislamiento, falta de autoestima, insomnio, irritabilidad y otros problemas de salud física y mental. Es que cuidar a una persona que necesita ayuda desde que se levanta hasta que se acuesta, que deambula sin parar quieta ni un minuto durante todo el día, que no puede comer ni ir al baño sola, que exige atención permanente para evitar que se caiga o se haga daño de cualquier otra manera o de otras atadas a una cama, o a una silla de ruedas, o con la cabeza perdida, debe ser mucho más agotador que una semana entera en el tajo. Pues a pesar de todo, el sistema no acaba de ponerse las pilas y tiene al personal de la ceca a la meca haciendo hasta 32 gestiones diferentes para pedir ayuda. Por eso, según la Unión de Consumidores, desde que una persona dependiente solicita ser valorada, hasta que le reconocen una ayuda de dependencia, pasan entre 12 y 18 meses. Doce o 18 meses en los que los cuidadores se desesperan y se dejan, además de la piel, la salud, viendo como sus familiares dependientes se deterioran y muchos de ellos mueren en la espera.

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