Al final va a resultar que la Ley de Dependencia es solo un cursillo para aprender a sacudirse el muerto porque, como la han aprobado corriendo pero sin pasta que la garantice, ahora intentan que les saquen las castañas del fuego las autonomías, los ayuntamientos y, naturalmente, los familiares de los dependientes; y menos mal que la mayoría de las personas con dependencia siguen cuidadas por esos familiares, porque sino esto iba a estar plagado de gentes abandonadas por las esquinas. No hay más que ver los datos: según la Encuesta de Discapacidad, al margen de otro tipo de personas con dependencia, sólo entre las personas mayores, más de dos millones necesitan ayuda para realizar sus actividades básicas de la vida diaria, como lavarse, vestirse, comer o caminar, pero según datos del SAAD, que depende del Ministerio de Trabajo, a 1 de febrero, solo a 583.000 personas con dependencia se les habían reconocido ayudas que no todas cobran aún, entre esas ayudas, casi 300.000 sueldos miserables de menos de 500 euros para los cuidadores familiares;...
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