Sábado 11 Febrero 2012

Punto Crítico

...Pero lo mejor para el asma, al parecer, es ser un soplagaitas.

Dicen los expertos que casi el 30 por ciento de los casos de asma en España tienen relación con el trabajo; eso que sepamos, porque como solo uno de cada tres asmáticos está diagnosticado, a lo peor somos muchos más aunque no nos hayamos enterado todavía. No se trata de que sean alérgicos al jefe y que por eso se les corte la respiración, que habrá muchos casos que también, sino que el aire que respiran en sus puestos de trabajo está contaminado. Los más afectados están en fábricas e industrias y después en todos los lugares en los que se trabaje con barnices, pinturas, disolventes e incluso, y por otras causas, con harina, que hace polvo las vías respiratorias de muchos panaderos. Lo peor es que aunque el asma se conoce desde la antigüedad, solo se pueden suavizar sus efectos, porque todavía no han encontrado la manera de curarla, a pesar de que lo han probado casi todo. En el siglo XV, por ejemplo, a falta de medios, conocimientos y algo mejor, recomendaban comer huevos de rana y, lo que son las cosas, ahora seis siglos después, miles de estudios más tarde y cientos de miles de millones invertidos en estudios, van y nos dicen que las ranas y los seres humanos tenemos un montón de enfermedades comunes, entre ellas el asma, confirmando que ya en el siglo XV oían tiros aunque no supieran de dónde les venían.

04.05.2010
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Naturalmente, con 300 millones de asmáticos en el mundo, los estudios no se iban a quedar sólo en buscar coincidencias con las ranas. Así que la Universidad de Wisconsin también se ha ocupado de la cosa y desde allí nos dicen que el asma no solo está producida por cosas que respiramos o porque la genética nos suelta ese marrón, sino que tiene un origen emocional. Vaya, que según esos investigadores algunos asmáticos, cuando se sienten morir porque se ahogan, le tienen que echar la culpa al cerebro porque cada vez que recibe señales de alergia, le da por activar el área de las emociones haciendo que los desarreglos respiratorios se vuelvan más graves. Algo así como si el cerebro fuese como un estudiante empollón y repelente que siempre lo sabe todo, pero no deja de hacerles la puñeta a los de su alrededor. También están experimentando con los gusanos planos de los que dicen que puede surgir el tratamiento definitivo del asma. De momento lo único que se sabe a ciencia cierta de esos bichos es que curan el asma y cualquier otra enfermedad, sí o sí, porque cuando se introducen en el aparato urinario de las personas, la mayoría de las veces les producen tantos descalabros orgánicos, que las llevan al otro barrio. Pero lo mejor para el asma, al parecer, es ser un soplagaitas. Lo dicen en EE UU donde venden una que, según su inventor, despeja los pulmones. Hay que soplar como si formáramos parte de una banda de música y el aire de esa flauta hace vibrar una lengüeta que produce ondas a 16 herzios, que es la misma frecuencia a la que se mueven los cilios pulmonares. Según el padre del invento, con el soplido agitamos la mucosidad pulmonar como si la pasara por la termomix y la hacemos tan fina que nos deja los pulmones como una patena. Cosas peores se han visto.

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