¿Está usted hasta el cogote de su jefe?. ¿Está hasta las narices de que le monte la bronca por todo y nunca le dé una palmada en la espalda cuando se lo merece?. ¿Está hasta el gorro de que el jefe le haga ojitos a la rubia más corta que la manga de un chaleco o al trepa con el que comparte copas y juergas después del trabajo tratándolos como si fueran los reyes del mambo aunque no sepan hacer una o con un canuto y a usted no le haga repajolero caso, a pesar de que se deje la piel, le saque todas las castañas del fuego y termine trabajando dos veces para hacer bien lo que los amiguetes del jefe han hecho mal?. Pues deje de tragarse el marrón, plántese, dígale lo que piensa de él, a ser posible usando los insultos más gordos del diccionario y mándelo a hacer puñetas. Bien es verdad que si lo hace, puede ocurrir que él aprensa con quién se juega los cuartos y no le siga tocando los bemoles, o que se le ponga chulito y que quién se vaya a hacer puñetas sea usted, pero en cualquiera de los casos quién sí le agradecerá que monte la bronca es su corazón. Es lo que dicen investigadores de la Universidad de Estocolmo; que montarle el pollo al jefe incluso insultándolo, al jefe y no a cualquier otro, es sanísimo para el corazón.

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