Según una encuesta realizada en 10 países europeos, los españoles somos de los que más protestamos por los ruidos vecinales y a más de la mitad de nosotros nos fastidian tanto las algaradas de nuestros vecinos que, si pudiéramos, les saltaríamos al pescuezo. No nos faltan razones, porque entre los vecinos molestos que no nos dejan descansar ni por las noches, los ayuntamientos pejigueros que se empeñan en poner a todo tipo de obreros y artilugios ruidosos durante el día y nuestro afán de escuchar música a toda pastilla, dicen los expertos que nos estamos quedando sordos. Bajar la música es cosa nuestra, pero reclamar y denunciar un exceso de ruido que hacen otros, es toda una odisea. Si tienes suerte y en la centralita de la policía municipal correspondiente te cogen el teléfono, y después de pedirte hasta el ADN de tu DNI, comprenden que tu queja no es una pataleta sino supervivencia porque te quedan dos horas de sueño y el peñazo del vecino, a las 4 de la madrugada, sigue con un jolgorio de todos los demonios, si superas esas etapas, lo más probable es que encuentres otra insalvable con el operador diciéndote que como solo tienen un par de patrullas operativas, no saben si podrán ir a mandar callar al vecino ruidoso antes del amanecer.

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