Un 38,2 por
ciento dijeron no tomar alcohol; un 32,8 por ciento bebían menos de 5
gramos; un 20,1 por ciento tomaban entre 5 y 15 gramos; un 5,9 por
ciento entre 15 y 30 gramos y un 3 por ciento tomaban 30 gramos al
día o más.
Durante unos 13 años de seguimiento, las mujeres ganaron peso de
forma progresiva. Las que no bebían alcohol no aumentaron nada de
peso y el aumento de éste descendía a medida que subía el consumo de
alcohol. Un 41,3 por ciento de las mujeres que inicialmente tenían un
peso normal cogieron sobrepeso u obesidad (IMC de 25 o superior),
incluyendo un 3,8 por ciento que se volvieron obesas (IMC de 30 o
más).
En comparación con las mujeres que no bebían en absoluto, aquellas
que consumían algo pero menos de 40 gramos por día de alcohol eran
menos propensas al sobrepeso o la obesidad. Las mujeres que bebían
entre 15 y 30 gramos diarios tenían el menor riesgo, que era casi del
30 por ciento menor que en quienes no bebían.
Los autores señalan que una asociación inversa entre el consumo de
alcohol y el riesgo de sobrepeso u obesidad se observó en los cuatro
tipos de bebidas alcohólicas (vino tinto, vino blanco, cerveza y
licor), con la asociación más fuerte entre el vino tinto y una
asociación débil pero significativa con el vino blanco.
Los investigadores advierten que, dado el potencial médico y los
problemas psicosociales asociados al consumo de alcohol, se deben
tener en cuenta sus beneficios y efectos secundarios en cada
individuo antes de realizar recomendaciones de consumo.