Así, los investigadores coordinado por la doctora Tuula Paajanen, estudiaron los riesgos encontrados entre los participantes de baja estatura con los de alta estatura, considerando en estos últimos a los que sobrepasaban los 173 centímetros en el caso de los hombres y más de 166 centímetros en el caso de las mujeres.
La investigación descubrió que el grupo de baja estatura mostró 1,5 más riesgo de morir de enfermedades cardiovasculares o enfermedad coronaria, de vivir con los síntomas de ambos trastornos, o de sufrir un infarto que el grupo de alta altura. Entre los hombres, los de baja estatura tenían 37 por ciento más probabilidades de morir por esas causas que los más altos. Y entre las mujeres bajas la cifra fue de 55 por ciento.
"Una hipótesis podría ser que las personas más bajas tienen arterias coronarias más pequeñas y estas arterias más pequeñas podrían ocluir más temprano en la vida debido a factores que aumentan el riesgo", advierte Paajanen.
Esos factores, agrega, incluyen "un nivel socioeconómico más bajo con una mala nutrición e infecciones que resultan en problemas en el crecimiento fetal o en el desarrollo infantil".
"Sin embargo hallazgos recientes en los antecedentes genéticos de la altura corporal sugieren que los factores heredados, más que los factores especulativos sobre la mala nutrición en los primeros años de vida o el peso al nacer, podrían explicar la asociación entre la estatura baja y un mayor riesgo de enfermedad del corazón más tarde en la vida", añade.
No obstante, Paajanen subraya que la gente de baja estatura no debe preocuparse, ya que "la altura es sólo un factor que podría contribuir al riesgo de enfermedades cardiacas, y aunque la gente no tiene control sobre su estatura, sí tiene control sobre otros factores como su peso, hábitos de estilo de vida, como fumar y beber alcohol y el ejercicio regular". "Todos estos factores juntos afectan el riesgo" añade.